15 CONSEJOS PARA CUIDAR A TU BEBÉ EN VERANO CON CALOR EXTREMO

Los bebés y los niños hasta los cuatro años de edad son mucho más sensibles a los efectos del sol y a las temperaturas elevadas. Además, necesitan que otros les regulen ambiente, actividad, alimentación, ingesta de líquidos, ropa, ejercicio físico, etc. Para que el pequeño de la casa pase el verano fresco y feliz te ofrecemos unos consejos prácticos. En general, se trata de medidas que favorezcan los mecanismos de enfriamientos del cuerpo y aseguren un adecuado estado de hidratación. Toma nota.

1. Protección al aire libre
Si se sale con los pequeños, habrá que descansar a la sombra o en lugares frescos y ventilados. Al aire libre: la cabeza debe llevarse protegida con algún gorrito que permita transpirar. En la playa o campo, hay que evitar las horas centrales del día, y descansar bajo la sombrilla, además de proteger su piel con una crema solar.

No hay que fiarse de los días nublados, ya que los rayos ultravioleta penetran las nubes y pueden provocar serias quemaduras. Así como tampoco descuidar la protección en lamontaña; al contrario, incrementarla, pues a más altura la intensidad de los rayos solares es mayor.

2. Y en la playa
La piel de los niños es mucho más fina, permeable y absorbe más radiación que la de los adultos. Esto hace que tenga más predisposición a deshidratarse y a sufrir problemas cutáneos. Por ello, los menores de seis meses no deberían exponerse directamente al sol, ni siquiera permanecer bajo la sombrilla, pues la arena y el agua son reflectantes y pueden producir quemaduras y además su piel aún está en proceso de maduración. Más adelante, aunque puede ir, se recomienda hacerlo en las horas de menos sol y, sobretodo, evitar hacerlo entre las 12 y las 16 horas. Siempre, eso sí, le protegeremos bajo la sombrilla, les cubriremos la cabeza con una gorra, utilizaremos un protector solar, y les iremos refrescando.

3. Atención a los ojos
Además de la piel, los ojos también sufren especialmente por la exposición al sol. En este caso, la prevención es la mejor arma: gorras con visera y gafas de sol. Estas últimas son imprescindibles si el niño tiene los ojos claros, aunque es mejor que no las utilicen de manera continua, sino sólo en horas de furte insolación. Pero atención, porque no todas sirven para proteger al ojo de los efectos nocivos del sol. En este sentido, es básico hacerse con unas homologadas, de acuerdo a la normativa europea (han de llevar el sello de la CE), y que reduzcan entre el 99 y el 100% de la radiación UVA y entre el 75-90% de la radiación visible, para evitar incomodidades y reflexiones excesivas.

4. El baño en el mar
Lo mejor es acudir a la playa a primera hora de la mañana o a última de la tarde para evitar las horas de máxima insolación. Si lo hacemos por la tarde, la temperatura del agua también será más agradable y podremos bañarle. Eso sí, lo introduciremos lentamente, primero las manitas, los pies y la nuca. Es preferible no mojar sus oídos, especialmente si hay antecedentes de otitis. Si vamos a hacerlo, no introduzcamos jamás su cabecita bruscamente en el agua y sequemos cuidadosamente sus orejas tras cada baño.

5. Cuidados tras el baño
Después del baño es importante que le aclaremos, pues el cloro de la piscina o el agua del mar pueden irritar su delicada piel, le sequemos a conciencia (sin olvidar los pliegues) y le cambiemos de bañador. En casa, lo primero es bañar a los pequeños con jabones suaves y sin esponjas. A continuación, es muy agradable y beneficioso para ellos aplicarles una crema (mejor fluida) o aceite hidratante.

6. Mantener la casa fresca
Es aconsejable cerrar las ventanas y echar las cortinas en las fachadas expuestas al sol. Hay que mantener las ventanas cerradas mientras la temperatura exterior sea superior a la interior. Es conveniente abrirlas de noche, cuando refresca, para ventilar la casa, así como intentar permanecer en las estancias más frescas, sobretodo en las horas centrales del día.

7. Refréscales con agua
Si hace demasiado calor, podemos refrescar a nuestro bebé pasándole una esponjita húmeda por el cuerpo y, una vez seco, dejarle un rato con el culito al aire. Eso sí, lo haremos en una habitación sin corrientes de aire. También podemos optar por bañarles con agua más fresquita de lo habitual (33-34ºC).

8. Potito seco
La dermatitis del pañal afecta a un 10% de los bebés y en la mayoría de los casos se produce por el contacto con las heces o la orina y la presencia de una elevada humedad. En verano, debido al calor y la humedad, son más frecuentes por eso es importante evitar que el bebé se acalore e intentar que sude lo menos posible. Lo más efectivo en este caso es dejarle sin pañales el máximo tiempo posible y, cuando los use, cambiarle con frecuencia, así como lavar la zona con jabón suave y agua tibia.

9. Cuidado con los mosquitos
Las picaduras, salvo que el niño sea alérgico, no sulen ser peligrosas, pero sí molestas. Una de las mejores opciones para protegerle de las picaduras es colocar una malla que deje pasar los insectos. En las tiendas de puericultura se pueden adquirir mosquiteras adaptables a la cuna.

En las excursiones, conviene vestirle con manga larga y pantalón hasta los tobillos.

Para que no pase calor, elijamos tejidos ligeros y colores claros. Las lociones y los aerosoles pueden servir para ahuyentar a los insectos, pero tenemos que asegurarnos de que son aptos para la edad del niño, y no aplicarlos en las manos o pies porque el bebé podría chuparlos. Los insecticidas eléctricos en principio son inocuos, no dejan olor y protegen eficazmente contra los mosquitos.

Para prevenir, puedes pasarle por la piel aceite esencial de citronela diluido en aceite de almendras (3 gotas por cucharadita). Si hay picadura de mosquito, va bien aplicarle una pasta hecha con arcilla y saliva.

10. Y con las medusas…
Aunque es difícil que los bebés sufran la picadura de una medusa, no es imposible. Sobretodo si están con nosotros en el agua y teniendo en cuenta que basta el roce con este animal para sentir su picadura. Si sucede, lo más importante es lavar la zona con agua de mar de la orilla para retirar la sustancia urticante, y sobretodo, no frotar, pues se extiende más la reacción.
Retiraremos posibles fragmentos que queden adheridos a la piel (con pinzas o una toalla gruesa) y aplicaremos frío local si es posible, el frío hace que se cierren los vasos sanguíneos y la reacción se extienda lo menos posible. Enseguida nos dirigiremos al puesto de socorro más cercano donde nos recomendarán los cuidados que debemos llevar a cabo en casa.

11. Ropa cómoda y fresca
En verano es importante vestir a los bebés con ropa fresca, de materiales naturales como el algodón o lino para que transpire mejor, holgada y de colores claros. De uno a tres años (y siguientes) no olvides el sombrerito, gorro o gorra de visera.

12. Para pasear, mejor el cochecito
En días muy calurosos es preferible llevarle en el cochecito o sentado en la sillita con una sombrilla que le proteja del sol. Se encontrará más libre y fresco que en una mochila, pues éstas le envuelven casi por completo y le obligan a viajar pegados a nuestro cuerpo, que también desprende calor.

13. El apetito
Como a nosotros, a veces el calor puede reducirles un poco el apetito. Aunque es normal, resulta aconsejable que haga sus tomas en un lugar más o menos fresco y siempre hacia la misma hora. A menudo son los cambios los que le inquietan y le impiden alimentarse con tranquilidad. En cualquier caso, si lleva un tiempo sin apetito, lo prudente es consultar al pediatra.

14. Para que duerma mejor
Lo ideal es que la temperatura de la habitación donde duerme o hace la siesta ronde los 20ºC. Para lograrlo, podemos bajar las persianas durante las horas en que más calienta el sol. Y no olvidemos ventilar la casa, siempre que situemos al niño lejos de la corriente. Para dormir, un body de algodón y una simple sabanita serán suficientes.

15. Bien hidratados
Los bebés se pueden deshidratar fácilmente, así que es bueno ofrecerles líquido con cierta frecuencia, eso sí, en pequeñas dosis. El agua, no obstante, la reservaremos para los más mayores pues para los lactantes es mejor la leche. En efecto, los niños que están con lactancia materna exclusiva no precisan más agua que la que le da con el pecho su madre ya que según las necesidades del niño producirá una leche más o menos concentrada.
Si hace muchísimo calor, la falta de hidratación puede hacer que la leche materna se concentre ligeramente y salga menos líquida. Pero el bebé no lo notará si la madre se preocupa de beber lo suficiente y se mantiene hidratada. Así, su leche recuperará enseguida la consistencia habitual.