4 cosas que tal vez nunca le digas a tus hijos

nunca le digas a tus hijos

4  cosas que tal vez nunca le digas a tus hijos
Desde el minuto que el test de embarazo sale positivo, tu vida cambia por completo, finalmente sucederá, llegó el momento en que serás madre y responsable por una pequeñita criatura que dependerá 100% de ti. Es posible que luego de la inmensa alegría que implica el transformarse en mamá aparezcan algunos sentimientos que provocan algo de culpa como por ejemplo el miedo. Luego de 9 meses comienza la montaña rusa de emociones, tu bebé ya está en casa dando inicio a la primera página del libro “mi hijo y yo”. Lo más probable es que cuando tu pequeñito sea mayor le contarás como fue su espera, llegada y primeros años de vida, sin embargo algunas de esas páginas quedarán ocultas en tu corazón, pero no las escondas, cuando tenga la edad para comprenderte cuéntales como te sentiste cada día de esa vida caóticamente hermosa.

– Lloraste y sigues llorando por el

Cuando viste el test positivo lloraste de emoción o de temor dependiendo de tu situación, tal vez lo hiciste durante su espera por diferentes motivos, al verlo por primera vez y tal vez en varias ocasiones cuando era pequeño, ya sea porque estaba enfermo, o tú estabas cansada, asustada y no te sentías capaz, muchas otras veces por alegría y emoción.

–  Te “sacrificaste” por él y lo harías una y mil veces más

Cuando supiste que serías madre entregaste tu cuerpo para que tu bebé creciera sano y fuerte,” sacrificaste” tu vida, tu tiempo, tus cosas, si faltaba comida sin duda primero supliste las necesidades de tus pequeñitos y estoy segura que lo harías una y mil veces más.

– Tuviste miedo

Es muy común sentir miedo o terror durante el embarazo, esa incertidumbre de no saber si todo saldrá bien, si podrás ser una buena mamá, pero ojo ese miedo no se va, solo cambia según la edad de los niños, luego aparece el miedo a los accidentes, a las enfermedades etc.

–  Siempre supiste que no eres perfecta

Muchas mamás intentan ocultarse detrás de una careta de perfección para así tomar siempre “las mejores decisiones”  de tal manera de no estar expuesta a críticas. Quizás cuando tus hijos eran más grandes y se enojaban mucho contigo por haber hecho algo mal, tal vez lo sabías pero temías aceptarlo frente a ellos.