“Baby Blues”: El estado de tristeza después del parto

El 26 de marzo del año pasado me convertí en madre, nació mi hija Trinidad. La felicidad que sentí en ese momento fue inmensa. Una niña muy esperada. Lo más maravilloso que me pasó en la vida. Pero todo comenzó a cambiar cuando llegué a casa después de dos días en la clínica. La felicidad se mantuvo intacta, sin embargo, aparecieron emociones que no hubiese querido sentir: miedo, incertidumbre y mucha tristeza. Qué contradictorio, ¿no?

¿Se puede sentir felicidad y tristeza al mismo tiempo?, ¿cómo puede ser que con mi hija en los brazos sienta tantas ganas de llorar?, ¿me estaré volviendo loca?, pensé. Y el tiempo y la bibliografía médica, me dieron las respuestas. Sucedió que fui parte del 80 por ciento de las mujeres recién paridas que entran en un estado emocional conocido como “baby blues” o más simple, “tristeza puerperal”. Y como su nombre lo indica, se refiera literalmente a la tristeza en el puerperio (período de tiempo correspondiente a los 40 días posteriores al parto). Dura aproximadamente 15 días desde que das a luz y va cesando paulatinamente.
Es entonces “normal” llorar mucho, sentirse triste, frustrada e irritable. Y es que es justamente en esta etapa donde la madre se pone a prueba. El recién nacido comienza su transición biológica y está adaptándose a la vida extrauterina. Mientras las hormonas y el aparato reproductor femenino vuelven a su condición pre-gestacional. Además, el sueño es agotador, la nueva madre duerme poco o nada, por lo que estar irritable es más que aceptable.  Y como si todo esto no bastara, hay que asumir que la rutina jamás volverá a ser la de antes; adaptarse a los tiempos y necesidades y lidiar con la ansiedad. Y algo muy importante, la auto-exigencia de casi todas las mujeres, de no fallarle a ese ser  humano frágil y pequeño que depende en lo absoluto de uno.

¿Qué hacer para no morir en el intento? Desde mi experiencia lo más importante es contar con una red de apoyo que te escuche, te comprenda y te ayude con los quehaceres. Hablar con tu pareja es fundamental, para que sienta realmente lo que te está sucediendo, para que pueda empatizar desde tu vereda con esta realidad distinta que les toca vivir como padres. Déjalo que mude al bebé, que le haga cariño, que lo consuele, que le cambie su ropa, que le dé la mamadera si es el caso. No importa si lo hace mal, ambos están aprendiendo. Verás cómo cada uno de esos detalles te aliviará la vida con el pasar de los días. Y si te toca estar sola en casa, pide ayuda y no sientas culpa de hacerlo. Que alguien te deje comida congelada para la semana y así tú sólo tendrás que calentarla y comer. Que te visiten y cuiden a tu hijo un par de minutos para que puedas bañarte “tranquila”, aunque sea una vez por semana. Háblalo con tu mamá, tu mejor amiga, tu hermana, para que de verdad esta etapa sea un poco más dulce y no tan agraz. Y porqué enfatizo tanto en hablarlo, pedirlo, ¡exigirlo!, porque a veces la gente no se da cuenta por lo que está pasando esta nueva madre. Es posible que todos estén atentos al bebé, ir a conocerlo, atender sus necesidades y mimarlo. Pero se les olvida que ahí detrás hay una mujer que tiene hormonas, sentimientos y sensaciones revueltas y -en ocasiones- también tiene un cuerpo adolorido y, necesita urgente una mano para apoyarse. Las más mayores –mamás y abuelas- muchas veces omiten esta parte de la historia, de “SUS” propias historias, porque “en esos tiempos las cosas eran distintas” o se “las arreglaban bien solitas”. Pero tú no tienes porqué repetir el cuento. El mundo cambia y se adapta. Ahora bien, si tu círculo es más joven, tampoco tiene porqué saber lo que te pasa, hay inexperiencia y desinformación. Por eso es tan importante que hables y les expliques. Nadie te va a criticar. Pero debes recordar y ser consciente de que sentirse así de vulnerable es absolutamente normal, al menos estos primeros días. Yo no pedí ayuda. Afortunadamente me llegó igual, pero aún así, tuve tanta culpa de recibirla. No tenía la  información que manejo ahora, por lo que pensaba que yo era la única a quien le pasaban estas cosas y me sentí muy frustrada…Pero así como fueron corriendo los días, mi tristeza se fue alejando. Puede que la pena no se te pase tan rápido aunque cuentes con mucha ayuda, no obstante, es mejor pasar esta etapa acompañada. Además, es bueno saber que siempre está la posibilidad de caer en una depresión post-parto. Aunque la estadística dice que afecta sólo al 15 por ciento de las mamás, es una amenaza real. Por eso es importante conocerse y estar informada. “El baby blues” se irá con el tiempo, al menos las emociones más intensas y, de a poco te irás acostumbrando a tu nueva y maravillosa vida de madre. Y que nadie te diga lo contrario. Ser madre es maravilloso. Tiene momentos como éste difíciles de enfrentar. Hay que buscar ayuda en la tribu mamífera que siempre hemos sido, ser valientes, mirar a tu hijo a los ojos y continuar. La felicidad se decide día a día. Has que el “baby blues” te sea gentil.

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_Para siempre mamá_
Soy la mamá-periodista de Trini y me llamo Rocío. Practico y promuevo la crianza respetuosa. Veo en la maternidad un estilo de vida que me gusta compartir. Escribo con amor lo que me apasiona para que todas las mamás se sientan acompañadas e identificadas.