Castigar o no castigar a los niños?

castigar o no castigar a los niños

Castigar o no castigar a los niños?. Cuando nuestros hijos son bebés en ocasiones queremos que sean mayores para poder descansar un poco pero cuando pasa el tiempo nos damos cuenta que el clásico dicho era verdad “niños grandes, problemas grandes” y es en ese momento cuando nuestra cabeza se vuelve una olla a presión a punto de estallar.

¿Cómo actuar cuando nuestros hijos no se portan bien?

Existe una edad en la que nos encontramos dentro de una encrucijada, vemos a nuestros hijos de 5 o más años, pequeñitos pero torbellinos, que no hacen caso o mienten. ¿Qué hacer? Es una clásica pregunta de los padres.  Sabemos el daño que le hacemos a nuestros pequeños si los ignoramos, les gritamos, los hacemos sentir mal frente otras personas y ni hablar de golpes (eso NUNCA! bajo ningún punto de vista está permitido) pero de una u otra manera tenemos que buscar una buena alternativa para enseñarles lo que se hace y no se hace y luego de eso, si a pesar de hablarlo una y mil veces la actitud no cambia necesitamos una herramienta que nos ayude a mostrarle que no está bien.

La palabra “castigo” es muy polémica y claramente no es del agrado de los niños ni de los adultos ya que ambos se sienten muy incómodos cuando se aplica ya que a pesar de querer que nuestros hijos aprendan y saber que no debemos permitir algunos comportamientos, tampoco queremos que sufran.

Acciones/Consecuencias Es fundamental que los niños sepan que todas las acciones tienen consecuencias en la vida, ya sean agradables o desagradables.

Castigo/trato:  Los castigos nunca deben ser usados como primera herramienta de manejo en un conflicto, nunca deben vulnerar a los niños ni humillarlos. Cuando creemos estar frente a una acción que amerite un castigo debemos hacernos varias preguntas y respirar varias veces para calmarnos y tomar una buena decisión:

1.-  ¿Es tan malo lo que hizo? ¿Por qué lo hizo?

2.- ¿Cuáles son las consecuencias de lo ocurrido? ¿ Es muy riesgoso? ¿Es grave?

3.-  ¿Hablé con mi hijo previamente esto? ¿Sabe que no es correcto? ¿Es recurrente?

4.- ¿Qué haría que se diera cuenta que esto es incorrecto?

Luego de hacerte esas preguntas, intenta dilucidar si efectivamente tu hijo actuó mal o tú estás más sensible de lo común y es más bien una exageración de tu parte ya que aunque como adultos nos creamos dueños de la verdad, en ocasiones un mal día, mal dormir o discusiones en casa pueden hacernos magnificar todo lo que pasa a nuestro alrededor.

¿Qué hacemos ahora?

Primero que todo hablar con los niños, hacerles ver lo correcto e incorrecto con mucha paciencia recordando que ellos no saben inicialmente cuales son las reglas y cuál es el peligro o consecuencias de sus actos, esto puede demorar más de un episodio para que los pequeños lo integren bien, mientras haces eso, recuerda potenciar y reforzar sus buenas actitudes como guardar sus juguetes, lavarse los dientes luego de comer etc. No cometas el error de decir “eso es lo normal, no tengo por qué felicitarlo si es su deber” recuerda que tu hijo es un niño que está aprendiendo lo que debe o no debe hacer (no olvides que tu salario a fin de mes también es una retribución al buen trabajo).

Si luego de todos los pasos anteriores no logras modificar conductas que sean complejas o riesgosas para tu hijo y tu instinto dice que “un castigo” podría ayudar, debes tomar en cuenta una serie de puntos antes de aplicarlo para no confundir o dañar a tu pequeño:

1.-  Reflexionen juntos respecto a lo ocurrido, dialoga y busca una solución. Nunca impongas algo sin que tu hijo lo comprenda, si no lo haces, el castigo no cumplirá con el objetivo de ser educativo.

2.- Los castigos deben ser consecuentes y acordes con lo ocurrido: Debemos sacar de nuestra mente los castigos eternos “nunca más vas al parque”, “nunca más comerás chocolate”, el tiempo para los niños es muy diferente al de los adultos, con esos castigos logras dos cosas, en primera instancia una angustia tremenda por parte de tu hijo pensando que jamás verá a sus amigos de juego o si esto no se cumple dejará de creerte. Por otra parte si ves un cambio en su actitud debes hacerlo ver dando una felicitación por el cambio ya que se ha dado cuenta de su error, si esto ocurre no continúes con el castigo ya que la lección fue aprendida y una forma de darlo a entender es volviendo a la normalidad. Por ejemplo si un niño no guarda sus juguetes el castigo será no ir al parque, pero si al día siguiente los guarda tranquilamente lo llevaremos al parque.

3.- Los castigos se deben cumplir. Por ejemplo, si castigaste a tu hijo sin jugar videojuegos, pero justo ese día tiene un amigo de visita, no puedes decirle que “a contar de la próxima semana no podrás jugar”, como dijimos anteriormente, el tiempo en los niños es distinto por lo que dentro de una semana ya no se acordará de lo que ocurrió.

4.- Los castigos nunca deben ser dañinos ni humillantes.

Recuerda que el castigo no debe ser usado de rutina y no se debe abusar de él, por el contrario, es la última opción y debe ser ejercida con respeto y amor por el niño, con su comprensión y no con gritos ni enojos excesivos.